Esta obra maestra de Nintendo, creada en el año 1989, fue el primer juego que conseguí finalizar con mi primera consola: la Game Boy.
La Game Boy fue quizá la primera consola “handheld” que tuvo éxito comercial y la primera que poseí. Nintendo la sacó a la venta por el año 1990 en Europa [1]. Por aquellos tiempos era considerada un prodigio de la tecnología. De este aparato se han vendido en el mundo más de 87 millones de unidades [1], sin contar las ventas de su prima hermana la Game Boy Color.
Para los geeks, tiene un procesador Zilog Z80 con algunas instrucciones del set de instrucciones modificadas para adaptarlas más a los propósitos del sistema, 8kB de RAM estática y otros 8 kB de RAM de vídeo. Admitía, de manera configurable, hasta 40 sprites de 8×8 u 8×16 píxeles. Su, en mi opinión, punto débil era la alimentación: 4 pilas AA que, si bien duraban bastante, se hacían muy incómodas, ya que cuando se acababan podías perder el progreso que llevabas en el juego. Pocos eran los afortunados que tenían el cable de alimentación, pero una batería hubiese incrementado el coste total del dispositivo de manera poco admisible para la época. La denominación oficial de su pantalla era “pantalla en 4 tonos de gris” de 160×144 píxeles, si bien la ausencia de color era una especie de verde amarillento claro, aunque no se note en la captura.[1]
Respecto del juego no puedo decir más que cosas buenas. La duración era muy aceptable (el tamaño de la ROM del juego son 64 kB) y para ser uno de los primeros juegos del dispositivo (nótese que está creado en 1989, cuando la consola apareció en Estados Unidos y Japón), es un juego bastante bueno. Evidentemente, si se compara con otros juegos que aparecieron después, usa las capacidades del dispositivo de una manera muy básica. No permite guardar partida, como otros juegos posteriores y el desarrollo es bastante lineal.
La historia es simple. La princesa Daisy ha desaparecido y tu tienes que rescatarla. Para ello tienes que “viajar” por los confines del mundo y conseguir llegar a ella, superando diversos niveles y aniquilando a todos los enemigos que se crucen en tu camino. El juego consta de 4 temas diferentes, cada uno con 3 niveles. Esto hace un total de 12 niveles que, dependiendo de tu maestría, pueden durar bastante rato.
Al final de cada nivel, si llegas a la salida “dificil”, es decir, la que está en la parte superior de la pantalla, accedes a un nivel de bonus en el cual puedes conseguir la “flor”, que te permite disparar, o vidas. Si tu contador de vidas llega a cero, tienes que volver a empezar. Este juego es para hardcore gamers y no se anda con tonterías. Al final de la tercera pantalla de cada temática, hay un monstruo final, que tienes que eliminar para proseguir con el juego. Especialmente curiosas son las pantallas donde Mario se mueve en submarino o avión. Como en la gran mayoría de los juegos de plataformas antiguos, no te puedes mover hacia atrás, lo cual le da un punto más de dificultad.
En resumen: una obra maestra de los genios de Nintendo. Recomendado. Además, para mi personalmente, tiene un toque de nostalgia y de melancolía que me encanta.


